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 Que si el sexo es o no una adicción? Es un antiguo debate entre liberales y moralistas que todavía no ha sido resuelto por los expertos. Lo que si está claro es que los comportamientos de un alcohólico o un drogadicto, son bastante similares a los de un “sexólico”. La diferencia es que el adicto al sexo no se ‘engancha’ con una sustancia, sino con imágenes lujuriosas y deseos irrefrenables de tener sexo. Es como ver a una mujer con escote y no poder quitarse esa imagen de la cabeza y comenzar a fantasear de manera obsesiva sobre la misma imagen, sobre los pechos de esa mujer, y no poder pensar en otra cosa, hasta satisfacer el deseo casi siempre por medio de la masturbación". Vale la pena recordar los renglones de un libro, de autor anónimo, titulado “Libro blanco, manual clave de Sexólicos Anónimos”. Allí el autor relata que en una ocasión iba por una autopista y sintió que la obsesión de tener sexo se apoderaba de él. Cambió un cheque y tomó camino a un lugar donde se congregaban las prostitutas. Aunque presenció un accidente horrible en la vía, el deseo le impidió detenerse. "Yo ya no era dueño de mis actos. La compulsión era mi dueña y señora, siempre lo había sido", dice el escritor en uno de los párrafos. El adicto al sexo satisface su necesidad por un instante, pero el vacío que sobreviene es peor que el que experimentaba previamente. "Al ser una compulsión, requiere cada vez mayor cantidad para obtener el mismo resultado”, aseguran los expertos. El sexólico se odia a sí mismo, se juzga y se castiga. El miedo a ser descubierto es su compañía permanente. En síntesis, el adicto al sexo vive una doble vida, como la del ejecutivo que se despide todas las mañanas de su esposa y sus hijos, pero antes de llegar al trabajo pasa por el sector donde se juntan las prostitutas para estar con una mujer distinta cada día. O la del líder comunitario que va a misa, comulga, lee la Biblia y se despide de abrazo con el sacerdote, pero lleva varios matrimonios y sufre una insatisfacción permanente porque no puede detener su ansiedad sexual. O la del hombre que en medio del desespero le confesó a su sicoterapeuta: "¡Es que me gustaría que me caparan!". EFECTO DERIVADO DE UNA CAUSA El tabú ha contribuido al desconocimiento de las bases del trastorno, aunque algunos estudios sugieren que los sexólicos tienen niveles más elevados de testosterona (hormona que aumenta el apetito sexual), lo que explica por qué es más frecuente en varones que en mujeres. Pero este hecho por sí solo no da cuenta de la enfermedad: por lo general hay un desencadenante en alguna etapa de la vida, que suele estar relacionado con abuso, maltrato y abandono. Así como algunos psiquiatras sugieren un tratamiento basado en el control de los impulsos a través de fármacos contra el trastorno obsesivo-compulsivo, otros especialistas se inclinan por la terapia grupal soportada en la parte física, emocional y espiritual. Se habla de una enfermedad espiritual porque un adicto no puede salir solo de su problema y debe recurrir a un poder superior; un poder que, en el caso de los ateos, es posible encontrar en un grupo". En algunos casos, la adicción al sexo también está relacionada a casos de abuso sexual y violación a menores de edad. Un caso en particular tratado por expertos, dejó como ejemplo la situación de un hombre que pudo encontrar en el tratamiento que, el origen de su dependencia al sexo, venía desde su infancia, cuando fue violado por un cura y desde ese momento, inició una carrera desenfrenada para demostrarse a sí mismo que no era homosexual. {sharethis}
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